IMSS San Alejandro se reactiva y comerciantes esperan beneficios: “estamos ahogados en deudas”

Los comerciantes establecidos en locales dudan de la pronta reactivación económica que, estiman, beneficiaría principalmente a los ambulantes

A poco tiempo de la inauguración del Hospital General Regional número 36 del IMSS, conocido como “San Alejandro”, la reactivación económica de la zona es sinónimo de incertidumbre para los comerciantes de alrededor. Con la llegada de personal al inmueble y el movimiento que se observa en su interior, los comerciantes se debaten entre la ilusión y la cautela.

La espera por el regreso del hospital se tradujo en deudas y problemas económicos para quienes gozaban de estabilidad al comercializar algún producto alrededor del sitio. El cierre del inmueble, derivado de los severos daños estructurales sufridos tras el sismo de 2017, significó el cierre o reubicación de negocios, o el cambio en el ritmo de trabajo de los que persistieron el paso de los años y quienes dependían del ir y venir del personal médico, pacientes y familiares.

Esta semana, después de ocho años, se ha observado nuevamente el ingreso de personal médico al hospital, supuestamente a recibir capacitaciones. Pese a que son pocas personas -en contraste con un inmueble en funcionamiento- esto ha despertado una ilusión entre algunos vendedores de la zona, especialmente de comida, de que pronto tendrán mayores ingresos. Sin embargo, esto sucede con los ambulantes, más no en los locales establecidos, quienes urgen la inauguración del hospital antes de emocionarse por el regreso de clientes.

Larga espera afecta locales establecidos
La promesa de que el próximo mes se inaugurará el hospital ya no es sinónimo de emoción para quienes tienen un comercio establecido en un local. El pago de renta, servicios y salarios a trabajadores, ahoga la idea de ilusionarse por la próxima llegada de clientes a la zona, una promesa que se ha mantenido desde tiempo atrás y no se ha cumplido.

Así, la entrada y salida de vehículos al inmueble, así como de personal, no les ha dado la certeza de que pronto abrirá sus puertas el lugar, ya que estos movimientos no los han beneficiado a ellos, sino a los vendedores ambulantes, quienes son su primera opción.

Pablo (nombre ficticio), quien tiene una cocina de comida corrida a escasos metros del hospital, menciona que abrió su negocio hace 15 años y nunca había experimentado una crisis económica tan fuerte desde que cerró el hospital. No solo tuvo que despedirse de su negocio por algunos años, sino que también despidió a su personal y, aún con ello, una vez se enteró que estaría por abrir el nosocomio hace un par de años, abrió las puertas de su negocio otra vez, esperando las ventas que tenía hace años.

Pero ello no pasó, y ahora, pese a la llegada de personal, su local sigue vacío. “Ya estamos hartos de las mismas preguntas, de qué esperamos, de qué opinamos, aquí está la respuesta”, dice al mostrar su local lleno de mesas, pero sin clientes, mientras los locales alrededor están igual.

Esta desilusión se replica a los costados, los dueños de los comercios establecidos han preferido no opinar al escuchar que las preguntas van dirigidas sobre la próxima inauguración del hospital.

Ambulantes anhelan parar crisis: “podríamos salir de deudas”
Para Armando, quien vende jugos junto a su familia, el cierre del hospital fue una sentencia de precariedad. Durante años apenas pudo sobrevivir, vendiendo lo mínimo y estirando el dinero como podía. “La gente no llega hasta acá. Lo que hacemos es recorrer las calles, ofrecer los jugos de puerta en puerta, no hay otra manera”, relata.

En los últimos días ha notado algo más de movimiento, aunque insuficiente para afirmar que sus ventas han mejorado con la presencia de personal médico. Se muestra ilusionado, ya que si llegan más clientes a la zona, podría salir de deudas y darle un mejor aspecto a su negocio. Sin embargo, la opción de rentar un local no está en sus planes a futuro, ni con la mejoría de sus ventas, porque los precios de las rentas aumentarán con la inauguración, asegura.

“Estamos tan ahorcados de tantas deudas, nos desahogaríamos si abren el hospital, hasta surtiríamos mejor el negocio para darle un mejor aspecto”, comparte sobre la mesa de madera donde coloca todos sus ingredientes, cubiertos del sol con una lona de color azul. “Sí nos gustaría rentar un local, pero van a estar carísimos, de que van a aumentar, van a aumentar, y ahorita la verdad no nos alcanza para adelantarnos a rentar uno”, señala.

Valeria Michelle, vendedora de tacos de guisado, narra que fue el martes pasado cuando ella, junto a los puestos ambulantes que la rodean, comprobaron que el regreso del hospital sí los beneficiará. Ese día, recuerda, recibió tantos clientes que pensó en la idea de contratar un ayudante, una opción que no había ni imaginado desde hace años.

La emoción por el regreso de los clientes, afirma, no es que los comerciantes se volverán ricos o gozarán de una gran fortuna, sino que, más bien, es un alivio para ellos y sus familias de que sus ingresos serán suficientes para cubrir sus gastos mensuales y necesidades sin la necesidad de endeudarse.

Próxima inauguración divide opiniones
Héctor, quien vende antojitos a unas cuadras del hospital, es de los pocos que perciben un ligero repunte. Aun así, reconoce que los últimos años fueron una prueba de resistencia.

“Fue difícil aguantar y resistir en cuestión económica, sobre todo porque la comida se echa a perder. Si no vendes, tiras la mercancía y pierdes todo: tiempo, dinero y esfuerzo”, explica. A pesar de ello, conserva la esperanza de que en pocas semanas tenga que aumentar su producción. “Se ve que pinta para bueno la inauguración del hospital”, expresa.

Ángel, taquero de la zona, no comparte tanto entusiasmo. Aunque reconoce que en los últimos días se han asomado algunos clientes, insiste en que aún no hay certeza de nada.

“No tenemos claridad de si esto (la llegada de consumidores) vaya a durar, hasta que no abran el hospital no podemos estar seguros (…) ya antes vimos avances en la obra, más movimiento en la zona, y no significó nada para nuestras ventas”, insiste al recordar que la falta de clientes obligó al negocio a aumentar los días de descanso de los trabajadores, sin paga, para no despedirlos.

Ahora, con la inauguración tan cerca, todos observan con atención cada señal, cada indicio de que las cosas puedan cambiar. La llegada de personal en capacitación y el incremento de vehículos estacionados en las inmediaciones son señales débiles, pero suficientes para despertar la esperanza.

Sin embargo, nadie olvida los ocho años de espera. Por ello, mientras unos se ilusionan con volver a contratar personal y mejorar sus locales, otros prefieren mantener los pies en la tierra y no anticipar un milagro económico que, tal vez, tarde en llegar.

oem.com

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