Lamine Yamal: “Soy musulmán y usar la religión como burla en un campo os deja como ignorantes y racistas”La estrella de la selección española y del Barcelona se pronuncia sobre los cánticos acontecidos en Cornellà en el España-Egipto

Lamine Yamal señaló a los intolerantes: “Yo soy musulmán, Alhamdulillah (gracias a Dios)”. Después de ser el jugador más ovacionado de España cuando la megafonía anunciaba el once inicial de Luis de la Fuente en el RCDE Stadium, el jugador del Barcelona se llevó un disgusto al escuchar que la afición de la Roja en Cornellà había convertido el amistoso con Egipto en un vómito racista. “En el estadio se escuchó el cántico de ‘el que no bote es musulmán’. Sé que iba por el equipo rival y no era algo personal contra mí, pero, como persona musulmana, no deja de ser una falta de respeto y algo intolerable”, expuso azulgrana. El mensaje lo había meditado. No escribió desde la rabia, sino con intención de concienciar.

Detrás de la imagen frívola que se proyecta de Lamine Yamal —pocos ejemplos mejores que su fiesta de 18 cumpleaños— se esconde un chaval comprometido con su clase, su raza y su religión. Acostumbra a volver a Rocafonda (Mataró), regala entradas y camisetas para sortear en su primer club, el CF La Torreta, y apadrina un proyecto musical en Perantón, en Granollers, la escuela en la que estudió antes de mudarse a La Masia. Tampoco ha olvidado su vínculo con Marruecos, el país de su padre. De hecho, la selección africana lo tentó para incorporarlo.

“Tenía en la cabeza que podría jugar para Marruecos,pero en el momento de la verdad nunca tuve dudas. Siempre amaré Marruecos, pero siempre quise jugar la Eurocopa. Me crie en España y también siento que es mi país”, razonó Lamine en una entrevista a la CBS.

Puente entre Marruecos y España, símbolo de una nueva generación de españoles, Lamine Yamal acostumbra a ningunear a los racistas. “Es como si tuviera una resina en la piel. La mayoría de las cosas le resbalan. Problemas que para cualquier persona pueden ser difíciles de gestionar, él los asume con mucha tranquilidad. Y, por eso, por ejemplo, creo que no se victimiza frente al racismo”, explican desde su entorno.

Por eso, cuando en el clásico de octubre de 2024, desde la grada del Bernabéu le gritaron a él y a Raphinha “menas de mierda”, “hijos de puta” y “putos negros”, el azulgrana respondió con indiferencia: “Cuando alguien te insulta, quizá fue criado así o no recibió los valores adecuados. Por eso creo que no deberías hacerle caso y seguir adelante”. Pero la indiferencia de Lamine dijo basta en Cornellà. Tras ser reemplazado en el descanso, al 19 de la Roja se le veía cabizbajo. No era por el cambio —“lo tenía pactado con De la Fuente”, recuerdan desde su entorno—, sino por los gritos racistas que había escuchado.

“Entiendo que no toda la afición es así, pero a los que cantan estas cosas: usar una religión como burla en un campo os deja como personas ignorantes y racistas. El fútbol es para disfrutarlo y animar, no para faltar al respeto a la gente por lo que es o en lo que cree. Dicho esto, gracias a la gente que nos vino a animar. Nos vemos en el Mundial”, cerró Lamine Yamal. Fue una catarsis educada y honesta contra los intolerantes. Fue también, de alguna manera, un abrazo a su gente. Esa de la que no se olvida.

elpais.com

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