Daniel Giménez Cacho: Actuar es una terapia de alto riesgo
En un recorrido íntimo que cruza las complejidades de la industria teatral y la salud mental, el actor revela los secretos de un oficio que prefiere la intuición a la planeación
Decenas de películas, series de televisión y obras de teatro avalan la carrera de Daniel Giménez Cacho, un peso completo de la actuación, además de director y productor, quien a lo largo de cuatro décadas ha acumulado incontables experiencias y reconocimientos en torno al oficio de darle vida a otros personajes.
Tan solo en cine, es reconocido por su trabajo en El callejón de los milagros, Profundo carmesí, Y tu mamá también, El Infierno y Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades, entre muchas otras cintas.
Al revisar la lista de obras en las que ha participado, sobre todo en los últimos años, da la impresión de que el actor se inclina por papeles con cierta complejidad, por historias intensas que inviten a la reflexión, o dicho de otra manera: de que le gusta complicarse la vida… Y complicárnosla a nosotros.
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Algo así parece suceder en la obra de teatro Nocturno, una especie de monólogo en el que Giménez Cacho personifica a un hombre que, tras cometer un homicidio, se ve obligado a huir en busca de la redención, mientras carga a cuestas con la culpa y relata todo lo que sucedió.
“Lo más mágico del asunto es que esta obra vino a mí, yo no la andaba buscando, porque resulta que trata de la vulnerabilidad siendo hombre, de cómo confundimos eso con debilidad, de esa educación que tenemos de que “los hombres no lloran”, dice en entrevista con El Sol de México.
“Yo estaba revisando este tema, investigando y viéndolo también en las terapias, cuando de repente viene el productor de la obra, Guillermo Wiechers, y me enseña todo esto que me hace decir: Alguien ahí arriba dijo: Denle esta obra a este muchacho que anda inquieto, para que pueda profundizar… Porque la verdad es que actuar es un chance muy bueno de profundizar”.
En su travesía, el protagonista de la historia se refugia en los libros, que lo ayudan a reencontrarse.
Gracias a la literatura, él construye su identidad, porque además se convierte en escritor y descubre que narrar es un proceso sanador. Porque precisamente lo que vemos en la obra es la narración que él hace de lo que le pasó desde el asesinato de su hermana hasta hoy, que tiene sesenta y tantos años.
Así, el hombre narra su proceso de duelo y también un proceso en el que busca entender qué tipo de relación tenía con sus padres.
“Estamos hablando de una familia, como dijo alguien el otro día, de mutilados emocionales, o sea: una familia que no puede dialogar y hablar de lo que siente. Entonces, cuando cae una tragedia de este tamaño pues su fin y nadie tiene herramientas para manejarlo”.
La obra, que se estrena este viernes 28 de agosto en el Centro Cultural Teatro 2, de la Ciudad de México, se ha podido montar, dice el actor, en unas condiciones inmejorables y con un escenario especial que aporta mucha intimidad.
“Esto rara vez sucede, porque generalmente los foros tienen mucha demanda y solo te dan tres días o cuatro para montar, pero nosotros hemos estado ahí desde hace tres o cuatro semanas, así que es un joya lo que han logrado los productores Alejandro Gou y con Guillermo Wiechers”.
El actor también ve esta obra como una oportunidad para actuar como últimamente le está llamando la atención hacerlo, es decir, sacando los ingredientes del personaje desde adentro, en lugar de simplemente realizar una construcción externa. “Voy a desnudarme bastante… Muy parecido a lo que hicimos en Bardo, la película de Alejandro González Iñárritu”, dice.
Hablando de papeles intensos, la historia de Bardo fue como una sacudida para muchos espectadores. ¿Pero cómo viviste tú esa experiencia?
Uy. Lo que pasa es que hay distintos niveles. Primero, la manera de filmarla fue un sueño, porque yo pude ensayar con todo durante cuatro semanas. Y cuando digo ensayar con todo me refiero a ropa, escenografía, todo. Normalmente en una película vas encontrando al personaje a medida que filmas, y ya por ahí del cuarto o quinto día dices: Ah, pues creo que va por aquí, pero todo lo anterior ya está filmado. Pero en Bardo fueron cuatro semanas previas de ensayar, o sea, no creo que nunca más se vaya a repetir eso.
“Por otro lado -continúa- la manera como lo abordó Alejandro González Iñárritu conmigo lo convirtió en algo muy personal para mí, porque se trataba un poco de retratarlo a él, pero él no puso tanto énfasis en eso y yo trasladé todo eso a mí… Quizás él me escogió porque se espejeaba un poco en mí, desde la parte del casting lo vimos, no tanto por mis cualidades actorales, que además él ya conoce, sino por el momento de la vida en el que yo estaba y que afortunadamente coincidió con el suyo, y en ese sentido es un proceso parecido al que hablábamos, de Nocturno”.
La forma de construir a estos personajes entonces, no es tratando de imitarlos, sino haciéndolos muy cercanos al actor, haciendo como si la historia se tratara de él.
“Bardo también fue muy interesante porque actoralmente fue como un experimento, en el sentido de no planear tanto. Era más bien un clima en el que esperábamos que las cosas empezaran a pasar. Claro, hay un guión, el cual te aprendes de memoria, pero no hay una dirección en el sentido de decir: Aquí tiene que pasar esto o aquello; era una cosa muy libre y eso fue algo muy gozoso de hacer”.
Y curiosamente al hacer que el personaje se trate de ti, ayudas a que termine tratándose de muchos de nosotros.
Yo creo que sí, bueno, está la parte de ser migrante, que hace eco en mucha gente, pero también está la parte de cómo el hecho de perseguir tu profesión te puede alejar de tu familia, ¿no? Para mí la película es muy dramática en el sentido de que él se da cuenta de que no ha estado con su familia como hubiera querido y de que ahora que decide hacerlo ya es demasiado tarde.
Le comento que la escena con el papá del protagonista en el baño del centro nocturno también resonó en muchas personas y confiesa que a él le pasó lo mismo con ese tema.
¿Cómo gestionas toda la energía de tus papeles? Ya me dijiste que vas a terapia.
Sí. De por sí siempre me ha interesado. Pero también creo que la manera en que yo abordo este trabajo es muy terapéutica, porque al ponerte en la piel de un personaje que no eres tú, siempre te estás revisando y la verdad es que acabas siendo más tú que nada… Es el mismo fenómeno que pasa cuando te pones una máscara por ejemplo en los carnavales, donde la gente se pone una saca su verdadera esencia, lo que realmente es. Y aquí pasa algo similar: Vas a representar algo, pero en realidad buscas en ti, vas hacia tu esencia y eso pues te ayuda mucho a entenderte, a conocerte, con la ventaja de que es una hora y media, y luego termina el espectáculo y sales.
Es muy importante para mí eso: entrar y salir, no estar mezclando ficción con realidad, porque por más que yo meta dentro de la ficción tanta experiencia mía, tantas memorias y cosas de mi vida, todo está metido en un espectáculo y cuando eso acaba, se cierra y ya, hasta el día siguiente.
Por el contrario, dice, irse a casa con el personaje encima es peligroso. Lo sabe porque también le llegó a pasar.
¿Cómo sientes este momento del teatro en México? ¿La gente está yendo a ver las obras?
Sí, el teatro tiene su público. Yo soy miembro de la Compañía Nacional de Teatro y no sé si tienen seis u ocho puestas al año, pero siempre veo lleno. Recientemente hicimos una obra que se llamó La cumbia del pantano en el Teatro Julio Castillo, que es un teatro grande, de 700 personas. Y se llenó. O sea que sí hay público. Aunque también hay distintos tipos de teatro.
Eso sí, advierte que cada puesta en escena tiene que encontrar a su público y que eso se facilita cuando se cuenta con medios publicitarios.
“La recomendación de boca en boca funciona, pero es más lenta, de manera que si una obra solo cuenta con eso, tiene que esperar tres o cuatro semanas a que se corra la voz, y cuando esto sucede, la temporada de la obra está llegando a su fin”.
¿Es verdad que ibas a ser físico en vez de actor?
Sí, estuve en la Facultad de Ciencias hasta que las matemáticas me derrotaron, por suerte. Yo creo que gracias a eso encontré mi verdadera vocación.
Aclara que lo que a él le interesaba era la física experimental y el trabajo en el laboratorio donde se trabaja con la materia, sus componentes. “Pero mi mente nunca pudo sortear el cálculo matemático, el cálculo diferencial, etcétera”.
¿Si pudieras hablar con el Daniel Giménez Cacho de principios de los noventa, el que apenas estaba filmando Solo con tu pareja o Cronos, qué le dirías?
Ay, muchas cosas. Yo le diría: “Confía… confía en ti. Y acéptate, no te trates tan mal. ¡Y quiérete más!
Daniel Giménez Cacho ha tenido el privilegio de trabajar bajo la dirección de iconos como Alejandro González Iñárritu, Arturo Ripstein, Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Pedro Almodóvar. Pero hace unos años también tuvo la inquietud de pasarse del otro lado del escenario.
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Además de tu faceta actoral, también te has aventurado a dirigir en cine y televisión. ¿Eso cambió de alguna manera tu perspectiva de la labor actoral?
Sí, mucho. Bueno, en teatro ya hice como 17 obras. Luego dirigí una serie que se llamó Crónica de Castas, para Canal Once y ahora la película Juana -que habla de la violencia contra los periodistas en México.
“Pero sí cambia mucho, porque te ayuda a ver el fenómeno de la actuación desde fuera y esa visión externa te ayuda a entender bien a los actores y a establecer un diálogo muy claro, porque sabes de los procesos. Y también aprendes a relativizar un poco, a ahogarte menos en tu problema, a ver las cosas de forma más simple, a no preocuparte tanto; siempre es bueno ver los dos lados del fenómeno”.
Así, decidido a seguir complicándose la existencia, y de paso a nosotros, el actor se prepara para un nuevo reto actoral, del cual se espera que nadie salga igual que como entró.
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