Guía del sexo casual: cómo disfrutarlo plenamente sin culpas ni riesgos
Con consentimiento de por medio, así como comunicación y seguridad, el sexo casual puede disfrutarse sin culpas.
Aunque no es la regla, la mayoría de personas que salen de su entorno habitual son mucho más abiertas a los encuentros casuales. Ya sea por un viaje de negocios a otra ciudad; de turismo al extranjero, o para acudir a eventos de gran magnitud como una Copa Mundial o Juegos Olímpicos.
El anonimato —específicamente, el pensamiento de que “nadie me conoce” —intensifica el deseo de salir de la rutina y la curiosidad de conectar con otras personas. “Es una chispa y energía distinta a la del día a día”, explicó la educadora sexual de JoyClub Latam, Camila Lavalle. “Son situaciones de felicidad; de viaje; de conocer nueva gente y culturas. Son dinámicas que, al final, claro que suman al deseo de compartir sexualmente con otras personas”.
Por supuesto, hay personas que no simpatizan con la idea de pasar la noche con una persona que recién conoció. Pero también están quienes disfrutan y ejercen este tipo de experiencias, más aún en la actualidad, donde “se habla y se normaliza más” de los encuentros casuales.
De ahí que la conversación no debe ir sobre “si el sexo casual es bueno o no”, sino en cómo disfrutarlo de manera responsable y sin correr riesgos.
No es sólo sexo: ¿Qué son los encuentros casuales?
En inglés se le conoce como One Night Stand, término que se traduce a “aventura de una noche” y refiere a tener encuentros sexuales sin compromiso emocional de por medio.
No obstante, esto puede ir más allá del coito. Según explicó Lavalle a MILENIO, “es cualquier interacción sexual, erótica, romántica y sensorial” en la que no haya ninguna intención de generar vínculos románticos ni afectivos.
“Alguien puede estar buscando nada más platicar o conectar desde lo sensorial, hasta un orgasmo o una penetración”.
De hecho, ni siquiera es necesario tener estos encuentros con gente desconocida. Pueden llevarse a cabo entre conocidos e incluso amigos, toda vez, insiste, “que no haya una intención de seguir relacionándose emocional y afectivamente con esa persona”.
Otro factor importante (y por “obvio” que pareciera) es querer experimentar este tipo de encuentros; a tal punto que la respuesta a la pregunta “¿Realmente quiero tenerlo?” sea “sí”.
De ser el caso, entran en juego otros dos elementos: el consentimiento y la comunicación sexual. Es decir, hablar de las expectativas, los deseos y los límites que entrarán en juego durante el encuentro.
“Es importante tener claro qué requieres para poder sentirte al 100% cómoda o cómodo. Si necesitas ciertos cuidados, búscalos y priorízalos”.
En este punto, Lavalle evoca la propuesta de la sexóloga española, Fina Sanz, sobre que cualquier tipo de encuentro se rija bajo el “buen trato”: una forma afectiva y ética de vincularse, donde el respeto y el cuidado mutuo se convierten en pilares para una convivencia pacífica. Esto, a su vez, deja de lado prácticas violentas y machistas que se han normalizado en ciertas prácticas sexuales, por ejemplo, los encuentros casuales.
“Básicamente es tener este concepto de ser buena persona más allá de si acabas de conocer a la otra persona o si se han visto sólo dos veces. (…) El ‘buen trato’, el consentimiento y el deseo debe de estar ahí. Creo que es lo que más importa en esas dinámicas de encuentros y, obvio, también el sexo seguro —aunque pudiera ser polémico—”.
El mito social detrás del sexo casual
Aunque la idea de que a las mujeres les cuesta más trabajo tener encuentros esporádicos no es del todo errónea, Lavalle lo atribuye a un factor social de género.
Explica que, en la dinámica sexual, socialmente se ha pensado que a las mujeres les cuesta más trabajo por supuestamente tener más riesgo a “engancharse” y “clavarse” con esa cita; convirtiéndose así en “un ‘evento súper canónico’ y súper importante en su vida”.
En tanto, a los hombres se les ha instruido que estos encuentros “son una parte importante de su exploración” y un alimento a su virilidad, ya que “pueden presumir con cuántas mujeres han estado”.
Dos ideas que, aunque aún persisten, poco a poco se han eliminado en el lado occidental.
“Ya estamos queriendo derribar estas dinámicas. No solamente los hombres deberían tener esta capacidad y ese espacio para experimentar si lo desean. (…) Aunque también depende mucho del círculo y de la educación”.
milenio.com



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